Disfasia: Sembrando nuevas creencias.

By 24 mayo, 2013Destacamos, Noticias

Reseña de nuestra historia

Somos una familia clase media, oriundos de Antofagasta (yo) y Quilpué (mi marido), asentada hace muchos años en la comuna de Peñalolén.

Nuestra familia está compuesta por Manuel, de profesión estadístico y actualmente empresario en el rubro de transporte; Cecilia, de profesión traductora y Magister en gestión de personas, consultora en el área de recursos humanos (reclutamiento y selección; capacitación y Coach) Ignacio de 19 años quien está actualmente haciendo el primer nivel de Programación Neurolingüística, además de trabajar unos días con nosotros; José Manuel de 14 años y María Belén 12 años quienes asisten al colegio Mayor de Peñalolén.

 

La génesis de nuestro libro…


Ignacio
 nació en Santiago, un 4 de septiembre de 1993, bastante “averiado”, lo que significó una breve hospitalización tras su nacimiento. Sin embargo, su llegada fue luminosa desde un inicio para todo nuestro entorno familiar.

Aproximadamente a los ocho meses de edad comenzamos a percibir algunas conductas “diferentes”, como el no fijar la mirada o quedarse “pegado” por largo tiempo mirando un punto fijo, sumado a su macrocefalia y su mutismo total, todo lo cual nos impulsóa comenzar a descartar diversos iniciales diagnósticos, lo que se prolongó por un par de años hasta arribar a la disfasia, diagnóstico que en un inicio no aquilatamos en profundidad, lo que hoy entendemos fue parte de las etapas del duelo, que en nuestro caso precisamos tres etapas relevantes de duelos.

Al inicio del diagnóstico de disfasia, el cual coincide con su primer ciclo de enseñanza básica; cuando cursaba quinto básico y al inicio de la enseñanza media. Hoy día entendemos estos ciclos tenían relación con los procesos madurativos cerebrales, donde la enseñanza comienza a hacerse más abstracta y por tanto las “diferencias” en los ritmos y formas de aprendizajes quedan al descubierto.

 

¿Cómo lo enfrentamos?

Instruyéndonos a cabalidad en los procesos por donde transitaba nuestro hijo para poder mantener un diálogo entendible con sus terapeutas de manera tal de poder opinar y cuestionar; investigando siempre, siempre nuevas alternativas terapéuticas (todo suma!) y posicionándonos siempre, siempre desde el positivismo en sus procesos, aprendiendo a no desistir en la rigurosidad del cumplimiento de sus rutinas para implementar nuevas conductas y/o modificar otras, re-entrenándonos nosotros sus familia en la maestría de la paciencia, como competencia básica para resistir la espera.

 

El porqué del libro

Estando ya en enseñanza media, teníamos evidencias sistémicas que el proceso de inclusión de Ignacio había sido “excepcional”, lo que lejos de enorgullecernos nos hizo sentir responsables en forma solidaria de aquellos padres que, probablemente por falta de recursos y/o directrices iniciales, sus hijos no habían logrado un camino similar al nuestro. Por otro lado, sus compañeros siempre dispuestos a colaborar, nos demandaban tener “mayores claridades” de lo que le ocurría a Ignacio. Adicionalmente, a mediados de enseñanza media, comenzábamos ya a darle un espacio cierto en contención, a que nuestro hijo tenía un déficit cognitivo y sin embargo no era “tonto”, sino que poseía procesos más lentos de aprendizaje y comprensión en forma transversal. Finalmente, el empezar a recibir retroalimentaciones negativas sistémicas sobre las posibilidades de su inserción en la educación superior nos impulsaron a escribir parte de nuestra historia de manera tal de colaborar a romper prejuicios entorno a la discapacidad cognitiva, como así también poder entregar una especie de “GPS” para las cientos de familias de manera práctica (y no teórica) a las familias de disfásicos y pares con distinciones genéticas equivalentes, ya que probablemente al conocer nuestra historia podríamos contribuir a instaurar movimientos iniciales de manera más asertiva en los profesores y en los padres, principalmente, donde las confusiones, duelos y paralizaciones inciden en la calidad terapéutica (emocional y conductual) de sus hijos/as y pupilos, respectivamente.
Mirando hacia atrás, agradecemos esta travesía, ya que el amor hacia nuestro hijo nos ha impulsado a realizar ¡tantos cambios en nuestra vida!; obligó a instruirnos, a aprender y a atrevernos a cuestionar y de paso, asembrar y cosechar nuevas creencias no sólo en nuestro sistema familiar, sino también en el ámbito social y escolar.
Tal vez una de las creencias más gratificante aquilatada con los años es el convencimiento de que, como dice Maturana, “todos nacemos intrínsecamente inteligentes”.


 ¿Dónde pueden adquirir el libro?

Librerías: Feria Chilena del Libro y Librería Antártica
Venta directa: info@mentoring-chile.cl
Familia Gamboa- Carrasco

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