El cuarto trimestre

By 20 enero, 2015Neurotips, Noticias

El año se divide en 4 trimestres, de los cuales 3 son dedicados a ir a clases; el cuarto trimestre -de diciembre a fines de febrero- se transforma para muchos chicos y adolescentes en una oportunidad para dormir hasta pasado el mediodía y jugar juegos de video o ver TV hasta la madrugada, colocando a sus neuronas cognitivas en “modo desactivadas”. Este prolongado período de receso neuronal tiene su costo, el cual se va a expresar a partir de marzo. ¡Qué trabajo arduo será no sólo leer o resolver una ecuación, sino imaginar, crear, entusiasmarse por la cultura! Pero no sólo los alumnos mutarán el trabajo intelectual por el receso intelectual. Muchos profesores durante el verano se sumergirán gozosamente en la oferta televisiva de entretención, sintiendo que leer un libro o ver buen cine es una actividad excesivamente “académica”.

La primera vez que escuché a un profesor mirar el cuarto trimestre desde una óptica de crecimiento intelectual fue a fines de los Ochenta, cuando el entonces rector del Colegio Notre Dame, Germán Aburto, sugería a los apoderados que propusiéramos a nuestros hijos actividades que complementaran el largo “recreo” intelectual representado por las vacaciones estivales. Y fue en esa ocasión cuando me sorprendió la actitud reticente o francamente de rechazo de algunos apoderados, que sostenían que las vacaciones de verano eran para que los chicos, fatigados de tanto estudiar, se repusieran durmiendo, viendo TV o simplemente apartándose de libros y todo aquello que tuviese un sospechoso olor a colegio. Aquellos apoderados representaban a muchos adultos que sólo miran la actividad intelectual como “estudio de materias escolares”, sin darse cuenta que el enriquecimiento intelectual trasciende ampliamente las fronteras del estudio formal escolar. Los preescolares van a crecer cognitivamente de modo ilimitado si se les ofrecen alternativas para explorar el mundo en sus variadas dimensiones; apropiarse de la realidad, hacerla suya, transformarla. Esto significa ofrecerle instancias estéticamente bellas, música, naturaleza, juego, movimiento. Los preescolares se enriquecen intelectualmente a través de aquellas actividades que activan el hemisferio derecho -música, arte, representación, movimiento, juego, imaginación, naturaleza- , el cual a su vez potencia el desarrollo funcional del hemisferio izquierdo (lenguaje verbal, capacidad de abstracción, pensamiento simbólico). Los niños entre 7 y 12 años no deben perder la fascinación por los libros. Irse de vacaciones llevando las consolas y dejando en casa los libros es empobrecer el intelecto infantil. Pero no se debe mostrar al libro como una obligación ingrata ni mucho menos emplearlo como castigo (“has hecho una maldad y estás castigado. No puedes ver TV ni jugar Play Station. Ándate tu pieza y lee un libro”). El mejor modo de invitar a los niños a leer es que vean leer apasionadamente a los adultos que les rodean. En vez de ver TV, llevar a los lugares de veraneo películas cuidadosamente seleccionadas, evitando las que privilegian la acción, la violencia o aquellos filmes insulsos y sin contenido. Una excelente práctica es reunirse en familia a comentar la película.

Los adolescentes con sus cerebros en “modo desactivación intelectual” suelen aprovechar las vacaciones estivales para dormir hasta después del mediodía y enfrascarse en los juegos de video por largas horas, hasta que llega la medianoche y con ella la hora del “carrete”. A menudo la playa, el sol, el campo o la montaña son apenas lejanos escenarios naturales que se adivinan tras las cortinas cerradas de una habitación. Empeñados en alejarse de la jurisdicción parental, no es tarea fácil invitarles a leer o a ver una película “que haga pensar”. Pero hay que intentarlo a través de la negociación y de los acuerdos, nunca a través de la imposición.

El cuarto trimestre de cada año marca la diferencia entre una masa de chicos –y adultos- carentes de cultura, sin un conocimiento de mundo, sin sueños ni proyectos, y chicos y adultos proactivos, interesados por el mundo que les rodea, por la cultura, por la sociedad y soñadores apasionados.