Paulina Tejada: su experiencia en África

By 9 septiembre, 2013Destacamos, Noticias
PaulinaTejada_descatadaInasmed [dropcap style=»dropcap» bgcolor=»» lettercolor=»#000″] Paulina Tejada [/dropcap] tiene 22 años y estudia Medicina. De cálida sonrisa y ojos a los que asoma su alma, nos cuenta que es la tercera de siete hermanos; estudió en el Colegio Monte Tabor y Nazareth. Nunca disfrutó el estudio; solía distraerse conversando con sus vecinas de banco, haciendo resúmenes plenos de colorido que jamás leía, creando historias con lo que tuviese a mano, como un simple par de lápices, o escribiendo cartitas a las amigas.

Constantemente buscaba actividades que le permitiesen moverse y crear. A los trece años comenzó a militar en la juventud schoenstatiana, descubriendo prontamente el goce de servir, una fuerza que fue creciendo en ella y otorgándole un sentido a su necesidad de hacer, moverse y crear.

Hasta 3° Medio no tuvo muy clara su vocación por alguna profesión específica; si bien se inclinaba por la pedagogía o la arquitectura, finalmente optó por Medicina, que le ofrecía la oportunidad del servicio a los demás.

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Una de las primeras motivaciones, pero no la más importante, fueron las buenas notas, comentarios de muchas personas que algo de razón tenían al decir que con la medicina podía poner la “inteligencia” al servicio de los demás (sin embargo, hoy sé que la inteligencia, si bien es importante no es lo fundamental para ser médico, y todas las carreras necesitan mucha inteligencia para ser estudiadas, solo que necesitan de inteligencias de distintos tipos).

Una experiencia escolar fue la experiencia que marcó su decisión: la “semana social” consiste en vivir una semana en una casa de retiro en Puente Alto junto con tus compañeras de curso, e ir cada día bien temprano, en micro a “trabajar” y servir a un oficio en particular. Yo con un grupo de amigas nos inscribimos en el Hospital Josefina Martínez, hospital pediátrico que ve a niños con riesgo social y principalmente con patología respiratoria. A pesar de que no podíamos ayudar mucho, por lo poco que sabíamos, me toco estar aislada varias mañanas con un niño pequeño de 4-5 años que tenía influenza y lo habían intubado, por lo que su voz sonaba como un pequeño patito. En ese lugar fui donde me di cuenta de que la vulnerabilidad y sufrimiento de esos niños, no solo de salud si no también en su círculo social/familiar, me llamaban a entregarme como profesional el día de mañana”

Este año vivió una experiencia de vida muy potente: decidió, junto con una compañera, inscribirse para viajar al África, específicamente a Ghana y Nigeria. Así relata Paulina este viaje: “La decisión de ir allá fue: uno, por mi eterno espíritu aventurero que le encanta a viajar y descubrir culturas nuevas; dos, por aprender y servir lo poco que pudiese en un país con pobreza real y tercero, por conocer a esos “niños negritos” que tanto me llamaban, y me llaman, la atención. Viajar a África es una experiencia gigantesca, cualquiera que la haya tenido diría lo mismo, uno no es capaz, antes de viajar, de imaginar una cultura y lugar tan distintos, donde todos los paradigmas de nuestra sociedad desaparecen y uno se encuentra con un ser humano, que es exactamente igual en dignidad y ser persona, pero que piensa muy diferente. Son muchas las aristas de los lugares que conocí, ir a pequeñas ciudades que funcionan aún por tribus, apellidos, burocracia a costa de sangre, policías arrogantes por todos lados, etc. Estar en hospitales donde no hay recursos, y gente como hormigas llenando todos los rincones de los pasillos, gente que muere enferma en la vereda, pabellones y salas en que a las mujeres se les tiene prohibido llorar… Un lugar donde la belleza femenina se define en otros aspectos, un lugar en que no se come con cubiertos sino con la mano, donde el agua potable es un privilegio y se toma de bolsas, donde la luz eléctrica viene y va a su antojo, donde el sudor pasa a ser parte continua de tu vida y el sol pareciera ser realmente fuego que quema, donde la fe, a lo que fuera, llena millones de iglesias y “pseudoiglesias” todos los días. Sin embargo, atrás de todo esto, que es solo una pincelada de cosas inimaginables, hay gente feliz, humilde y tranquila, que vive con intensa esperanza de un mañana mejor.

La Paulina que regresó del África ya no era la misma… “Esta experiencia hizo temblar muchas cosas que pensaba antes, te revienta burbujas y te obliga a buscarle un sentido a tu existencia y a la existencia de las personas que viven allá. Dejaron de ser obvias tantas cosas que tengo personalmente, y que tenemos como país, dejaron de ser necesarias otras cuántas y aprendí a preguntarme ¿Qué es realmente necesario?, cobraron mayor valor la familia, la espiritualidad, la amistad. Siempre he sido una persona muy espiritual y doy gracias de ello porque creo que un viaje de tal magnitud, si bien puede hacerte ganar, también puede destruirte y frustrarte. Gracias a Dios, este viaje me ha hecho consiente de la pequeñez que somos cada uno de nosotros y por otro lado la inmensa responsabilidad que tenemos con el prójimo, ha sido una reafirmación de que se necesitan profesionales distintos en la medicina y por otro lado, de que no hay que creer nada imposible en la vida. Si bien no sé si volveré a África algún día, esta experiencia me ha facilitado derribar barreras de muchos proyectos de vida que tengo, para confiar que no son idealismos juveniles y mirar de manera muy distinta varios dilemas de la vida diaria; con mayor confianza en Dios y menor confianza en mí misma”.

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Esta Paulina remecida por lo que le tocó vivir deja un mensaje a quienes son adolescentes y este año dejan el colegio y también para los jóvenes…

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“Primero, decirles que la juventud es para desgastarla en lo importante, NO en lo urgente” No nos estresemos por cosas, que si bien son parte de nuestro quehacer diario, no son lo más importante! Si bien debo estudiar para la PSU, esta no determina la forma en la que voy a vivir mi vida, no determina mi felicidad ni mi futuro. Y si les va mal en la PSU, o no quedan en su primera opción de universidad, bueno evalúen la situación, pero no se echen a morir porque también por algo pasan las cosas y… vuelvo a lo mismo: “hay cosas más importantes en la vida”. En ese sentido, les dejo un pequeño tip; busquen la alegría diaria en lo pequeño, en los detalles siempre presentes, en las personas, en la naturaleza… Y para los que ya están en la universidad viviendo la carrera que – espero – es la que más les gusta, quiero decirles dos cosas; uno, ¡que no se estresen! El “estrés” comienza en parte, porque el activismo que llevamos no tiene un sentido profundo detrás. Y lo segundo: que no sean pasivos, que se pregunten siempre y constantemente ¿Por qué estudian lo que estudian? Y ¿de qué manera quiero estudiar para desgastarme en la entrega y no desgastarme estudiando?”

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